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Primera parte de la trílogia Martes de Carnaval
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| Director |
Jose Luis Garcia Sanchez |
| Guión |
Rafael Azcona Y José Luis García Sánchez |
| Productor Ejecutivo |
Juan Gona |
| Director de fotografía |
José Luis Alcaine |
| Montaje |
Mercedes Cantero |
| Director de arte |
Quim Roy |
| Figurinista |
María José Iglesias |
| Maquillaje |
Pepe Quetglas |
| Peluquería |
Blanca Sánchez |
| Sonido |
Gabriel Gutierrez |
| Director de producción |
José Luis Jiménez |
| Reparto |
Juan Luis Galiardo, Juan Diego, María Pujalte, Pilar Bardem, Pepón Nieto, Mabel Rivera, Manuel Morón, Pepe Quero |
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| Sinopsis |
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Un pueblo de Galicia. 1897.
Don Sócrates Galindo, boticario, acude a lomos de una mula, a un acto municipal en el que se da la bienvenida a cuatro soldaditos repatriados de Cuba. Después de comer -los ricos banquete, los soldados rancho-, al sargento Juanito Ventolera le viene un “apretón sentimental” y se acerca al prostíbulo del lugar.
Cuando Juanito Ventolera llega al burdel, la daifa Ernestina, repudiada por su padre al quedarse preñada de un hombre que luego murió en la manigua, entrega a La Bruja una carta en sobre cerrado, una trotaconventos seca y andrajosa, para que se lo lleve a su progenitor.
La Daifa se interesa por aquella guerra que para el desencantado Juanito "es un negocio de los galones". Pero las medallas ganadas por Ventolera en la guerra, no sirven ni para pagar una dormida... A la Daifa le cae bien el sargento y le da cita para el día que libra...
Por esas casualidades, al repatriado lo han alojado en el hogar de Don Sócrates Galindo, padre de la Daifa, aunque el desalmado sólo está dispuesto a ofrecerle la cuadra... Esta es la gloriosa bienvenida que reciben los héroes de la guerra de Cuba.
Ya en su casa y a solas, Sócrates cae muerto mientras lee la carta de su hija, como fulminado por el rayo, a causa de una indigestión. Juanito se suma al velatorio del cadáver y se conmueve al ver el flamante traje que sirve de mortaja al boticario, lo compara con su astroso uniforme, por lo que después de cumplimentar a la viuda, se acerca al cementerio junto a sus tres soldados: el sargento se ha encaprichado con el terno del muerto...
Vestido con la ropa del difunto, bastón y bombín, hecho un brazo de mar y sintiendo en el bolsillo el crujir de los billetes que ha cogido en casa del boticario, se presenta en el prostíbulo y convoca a las pupilas. Saca del bolsillo los billetes y con ellos cae la carta, la dirigida al señor Don Sócrates Galindo, escrita por su hija repudiada. La Daifa enfadada, cree que se trata de una cruel broma, pero cuando el sargento Ventolera le explica que su padre ha fallecido, la joven aúlla su dolor físico.
Mientras Ventolera va a la alcoba con la Haifa y las pupilas se maravillan ante la bien redactada misiva, los guardias, acompañados del mancebo de botica, vienen a detener a Ventolera... |
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